martes, 21 de agosto de 2012

La propia Mala Tierra: Seba Pedrozo, Mariana Picart




Mariana Picart al final del tercer cuento apareció en un vestido largo, con rayas rojas y negras; traía bolsas de tierra. Empezamos a darnos cuenta que participábamos de un ritual, una ceremonia, la bruja buena la conducía. La tierra fue esparcida por el piso, los pies desnudos de Mariana la pisaban, sus manos la disponían en círculos y la humedecían con grappamiel. Los pétalos de rosa también eran ingrediente para la purificación. Mientras frases, extractos de las palabras salían del libro de Pedrozo y circulaban entre el público; no había orden ni sentido, todos estábamos transformando esas tierras malas. 

Mesas que se corren rápidamente, y música de baile: toda la música que nos gusta bailar, las canciones que conocemos hace años también. Dos o tres veteranos que miraban al principio desde un costado, fueron metiéndose más y más en el medio. Si una chiquilina acepta bailar contigo, deben de pensar, bailará contigo toda la noche. Todos nos mezclamos. A esta altura  pedíamos cerveza, no más grappa. Comenzaron a circular las galletas de la fortuna. A mi me tocó una que decía: “hoy te vas de día y meado”, y a Lucía: “si nos organizamos, cogemos todos”. Las palabras fueron tomadas como preceptos a seguir.


El estado de alegría estaba en todas partes, uno no podía irse. Quisimos compra otra: yo tenía veinte pesos, lucia, treinta. Salimos, casi sin pensarlo. Había un auto: “llevanos a la parada” le dijimos, él comentó que sólo podía andar de madrugada y por las calles de adentro porque no tenía papeles. Nos dejó en la parada donde nos esperaba el bondi que nos traería a nuestras casas.” Una tristeza irse porque te quedas sin plata”, comentamos.

La denchi Gerolami

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