Mariana Picart al final del tercer cuento
apareció en un vestido largo, con rayas rojas y negras; traía bolsas de tierra.
Empezamos a darnos cuenta que participábamos de un ritual, una ceremonia, la
bruja buena la conducía. La tierra fue esparcida por el piso, los pies desnudos
de Mariana la pisaban, sus manos la disponían en círculos y la humedecían con
grappamiel. Los pétalos de rosa también eran ingrediente para la purificación.
Mientras frases, extractos de las palabras salían del libro de Pedrozo y
circulaban entre el público; no había orden ni sentido, todos estábamos
transformando esas tierras malas.
Mesas que se corren rápidamente, y música
de baile: toda la música que nos gusta bailar, las canciones que conocemos hace
años también. Dos o tres veteranos que miraban al principio desde un costado,
fueron metiéndose más y más en el medio. Si una chiquilina acepta bailar
contigo, deben de pensar, bailará contigo toda la noche. Todos nos mezclamos. A
esta altura pedíamos cerveza, no más
grappa. Comenzaron a circular las galletas de la fortuna. A mi me tocó una que
decía: “hoy te vas de día y meado”, y a Lucía: “si nos organizamos, cogemos
todos”. Las palabras fueron tomadas como preceptos a seguir.
El
estado de alegría estaba en todas partes, uno no podía irse. Quisimos compra
otra: yo tenía veinte pesos, lucia, treinta. Salimos, casi sin pensarlo. Había
un auto: “llevanos a la parada” le dijimos, él comentó que sólo podía andar de
madrugada y por las calles de adentro porque no tenía papeles. Nos dejó en la
parada donde nos esperaba el bondi que nos traería a nuestras casas.” Una
tristeza irse porque te quedas sin plata”, comentamos.
La denchi Gerolami
La denchi Gerolami
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